En el hospital
El trayecto hasta el hospital había sido un caos.
Mohamed condujo a toda velocidad mientras Nayla lloraba en el asiento trasero, sosteniendo su vientre con ambas manos.
Cada uno de sus gemidos parecía clavarse en la conciencia de Mohamed.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía miedo.
Miedo real.
No por Nayla. Por el bebé.
Por la posibilidad de perder a un hijo antes siquiera de verlo nacer.
Cuando llegaron, los médicos la llevaron inmediatamente al área de urgencias obstétricas.