Al día siguiente, la tensión en la villa de Mohamed y Nassira era distinta a cualquier otra.
No era el silencio habitual de una casa grande. Era un silencio cargado, como si algo estuviera a punto de romperse en cualquier momento.
Mohamed se encontraba en el despacho, revisando documentos.
En su mesa estaba la decisión que había estado evitando durante días: la prueba de paternidad del bebé de Nayla.
Finalmente lo había aceptado.
No por confianza. No por tranquilidad. Sino porque la duda ya le