Omar la ayudó a subir.
El helicóptero despegó lentamente.
Desde el cielo, las luces de la ciudad comenzaron a hacerse cada vez más pequeñas.
Samyra apoyó la cabeza sobre el hombro de Omar.
Él rodeó su cintura con un brazo.
Por primera vez en muchos años, ninguno de los dos sentía culpa, miedo o incertidumbre.
Solo paz.
Mientras contemplaba el inmenso mar iluminado por la luna,
El viaje hacia la isla fue un preludio perfecto.
Al llegar, el paisaje los recibió con una belleza que parecía sacada de