En Zúrich.
Samyra se encontraba completamente inmersa en sus estudios de posgrado y en el programa experimental que estaba revolucionando la medicina moderna.
Cada semana llegaban pacientes considerados casos perdidos.
Personas que habían agotado todas las opciones.
Pacientes cuyos diagnósticos eran prácticamente una sentencia.
Y, aun así, algunos comenzaban a mejorar.
Algunos recuperaban fuerzas. Otros mostraban avances que meses atrás habrían parecido imposibles.
Por primera vez en mucho tiem