—No...
Aníbal abrió los ojos. La expresión de Elise había cambiado por completo.
Ya no lo estaba mirando.
Miraba a través de él. Como si contemplara un horror invisible.
—Elise...
Ella comenzó a retroceder.
Las manos le temblaban sin control.
—¡No...!
Su voz se quebró.
El terror invadió todo su cuerpo, era como si estuviera en el pasado, en una realidad monstruosa y distinta.
—¡No me toquen!
Se cubrió la cabeza con ambos brazos.
Las lágrimas brotaban sin control.
—¡Por favor... no!
Aníbal sinti