La pregunta de Aníbal quedó suspendida en el aire como una sentencia.
—¿Por qué, Elise?
Ella sintió que el corazón se le comprimía.
Otra vez aquella pregunta. La misma que llevaba años persiguiéndola en sueños.
Retrocedió un paso, incapaz de sostener su mirada.
Necesitaba escapar. No de él.
De la culpa. De los recuerdos. De la verdad que había jurado guardar hasta el final de sus días.
—No me preguntes eso... —susurró con la voz quebrada.
Giró sobre sus talones con la intención de alejarse, per