Las lágrimas resbalaban sin descanso por sus mejillas.
—Bien.
Respiró profundamente.
—Hagamos esa prueba.
Su voz recuperó una serenidad que asustó incluso a Hamdan.
—Pero cuando el resultado demuestre que jamás te traicioné...
Lo miró directamente a los ojos.
—Quiero el divorcio.
El emir sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué...?
—Déjame ir.
Su voz fue firme.
—No quiero seguir siendo la esposa de un hombre que necesitó una prueba para decidir si debía creer en mí.
Hamdan dio un paso hacia ella.
—