Hamdan levantó la mano.
Durante un instante, nadie en la habitación respiró.
El silencio fue absoluto, como si incluso las paredes del calabozo comprendieran la gravedad de lo que estaba ocurriendo.
Adnan apenas tuvo tiempo de reaccionar.
La mano de su padre impactó contra su rostro con fuerza.
El golpe resonó en la habitación.
Adnan perdió el equilibrio y cayó al suelo, completamente sorprendido. Nunca en toda su vida había visto a Hamdan mirarlo de aquella manera. No era solo ira.
Era decepció