—¡Omar! ¿Cómo te atreves a ir en mi contra?
La voz de Karima Al-Sabah resonó por todo el salón.
La anciana temblaba de furia. Sus ojos estaban clavados en su nieto.
Omar permaneció inmóvil.
Los guardias acababan de soltar a Samyra.
Sin apartar la mirada de su abuela, avanzó hasta colocarse delante de su esposa, bloqueándola con su propio cuerpo.
Como si estuviera dispuesto a convertirse en un muro entre ambas.
Samyra lo observó sin comprender.
Aún sentía el corazón golpeando con fuerza dentro de