Cuando Omar recibió la noticia, sintió que volvía a respirar.
Hacía semanas que no salía de aquella habitación.
Corrió —o al menos lo intentó— hasta el armario.
Por primera vez dejó a un lado la bata hospitalaria.
Escogió unos pantalones oscuros, una camisa sencilla y un saco ligero.
Mientras terminaba de arreglarse, se observó frente al espejo.
Su sonrisa disminuyó apenas un instante.
Había perdido casi diez por ciento de su peso. Su rostro estaba más delgado.
Las ojeras marcaban el cansancio d