Al regresar a su habitación del hospital, Omar sintió que el cansancio volvía a apoderarse de su cuerpo.
La salida había sido corta, apenas un par de horas, pero para alguien que llevaba semanas sometido a un tratamiento experimental, había significado un enorme esfuerzo. Aun así, no se arrepentía de nada.
Había visto a sus hijos.
Había escuchado sus latidos. Había contemplado sus pequeños rostros en aquella ecografía.
Era un recuerdo que pensaba atesorar por el resto de su vida.
Samyra lo ayudó