Rebeca Schmidt
El efecto del sedante fue desapareciendo lentamente, dejando tras de sí una sensación de pesadez en los párpados y un sabor metálico en la boca. Abrí los ojos poco a poco, parpadeando contra la tenue luz de la habitación. Lo primero que vi fue la silueta de mi madre, Evelyn, recortada contra la ventana. Observaba el amanecer sobre las colinas de Siena, con los hombros caídos y una expresión de profunda reflexión.
—Mamá... —Mi voz salió como un susurro rasposo.
Ella se volvió de i