Después de ver a Amanda pude confirmar con su mirada, su piel y sus besos, que sentía exactamente lo mismo que yo; aunque sus palabras dijeran lo contrario. Me obligó a salir del apartamento; salí, pero me quedé afuera.
Intenté hablarle aún de pie detrás de la puerta, pero era inútil, no respondía nada. Me senté y recosté mi espalda a la pared. No quería irme sin hablar con ella.
Me quedé ahí por algunos minutos y sentí que abrió la puerta. Me levanté rápidamente y estaba ahí, observándome, env