Después de recibir la visita de Elisa, los siguientes días lo pasé peor que nunca, encerrado, bebiendo y en completa desdicha. Se iba a casar con ese hombre que la alejó de mí. Me sentía tan patético al no ser capaz de dejarla ir, de arrancar ese pasado que ya no era para de mí, de alejar sus recuerdos. Dos años no habían sido suficientes, pero estaba harto de lo que sentía, de lo que era, de lo que me había convertido.
Quería de verdad seguir sin ella, avanzar. Ese día del reencuentro pensé qu