Estaba dentro una encrucijada, pero sin la opción de poder elegir verdaderamente el camino que quería tomar. Había aceptado ser parte de este lugar extraño, diferente; y ahora debía atender a mi primer cliente. Tenía miedo de siquiera conocerlo, de saber su nombre, de sentir su mirada profunda; o el roce de sus manos en alguna parte de mi cuerpo. Solo imaginarme eso, me hacía sentir repulsión y lástima por mí misma. Pero había tomado una decisión, necesitaba el dinero y era el momento de poner