Isabella
La presencia del hombre no se siente como una aparición nueva dentro del pasillo, sino como la confirmación de algo que siempre estuvo ahí y que simplemente había permanecido fuera del alcance de nuestra comprensión hasta este momento, como si el edificio entero hubiera estado conteniendo su identidad para liberarla en el instante exacto en que ya no pudiéramos retroceder. El aire se mantiene frío, estable, con una precisión casi artificial que refuerza la sensación de que nada dentro