Isabella
El sonido de los tacones de Leila resonando en el piso de madera me irrita más de lo que quiero admitir. La observo desde la cocina mientras organiza los platos como si fuera la dueña de la casa. Su cabello pelirrojo brilla con la luz de la mañana, y su sonrisa—tan perfecta y confiada—me provoca un nudo en el estómago.
—¿Me ayudas con la mesa, Isabella? —pregunta con un tono que mezcla dulzura y autoridad.
Trago saliva, recordándome que no debo perder la calma. Asiento con un leve mov