60. Muero de ganas por borrar esa estúpida sonrisa.
El oponente de Vladímir los observó por un momento y entró dubitativo, su destino no quedaba tan claro, es más, empezaba a verse de un rojo carmesí.
Sabía que no tenía muchas opciones, si perdía moriría, tal vez se le perdonaría la vida, pero la humillación lo perseguiría para siempre y no le esperaba nada bueno al volver a su propia cárcel.
Si ganaba, estaba seguro de que no le permitirían vivir, eso era lo que todos le habían dicho. El rey negro tomaría venganza por su reina. Ninguna de las