34. ¿Entonces ya me dirás dónde está tu jefe?
Por supuesto que no estaba en él todavía decidir o prohibir algo al joven.
Aún no podía ni siquiera tomarlo, pero una cosa era decir esas palabras y otras lo que realmente estaba sintiendo en esos momentos, más allá de la fingida calma aparente que parecía tener.
Sobre todo, cuando podía simplemente asegurarse que nadie más se le acercara. El simple hecho de imaginar que alguien más podía acercarse al joven y besarlo. Lo enfermaba, sobre todo si era consciente que esa otra persona probaría los