Hacía cinco días que aquel extranjero lo había besado después de montar a caballo, cinco malditos días en los que ni por un momento fue capaz de olvidar lo que sintió desde el instante en que sus labios se rozaron de la misma forma en que ahora se pasaba los dedos sobre ellos, como si fuera la boca de él.
— Ethan… Ethan… Ethan…
Que bien se sentía el aire que salía de su boca al pronunciarlo, que malditamente caliente al rozar con suavidad sus labios, como todo en ese hombre.
Vladímir solo era