117. Ten cuidado, niño.
Lo que le faltaba a un imbécil que hiciera que su caminar se viera interrumpido.
—¿Por qué diablos no se fija por donde va?— encaró furioso el príncipe a la persona delante de él.
De inmediato su enojo se disipó al ver el rostro de la persona, o mejor dicho, en creer reconocer a la persona. Sin embargo, eliminó esos pensamientos diciendo a sí mismo que se encontraba paranoico. — Lo siento — se disculpó con el hombre que había chocado y que parecía buscar a alguien. Bueno, no era su problema, no