Capítulo 13: Sombras en el Bosque
La paz en la cabaña del bosque era tan frágil como la escarcha en las agujas de pino al amanecer. Los días de Valentina giraban en torno al Salvaje, y su mundo se había reducido a ella y ese pequeño rincón del sur. Esa dependencia, que antes fue una pesada carga de culpa, ahora se enredaba alrededor de su corazón como un hilo dorado, dulce y peligroso a la vez.
Una tarde, mientras Valentina intentaba enseñarle al Salvaje a pelar una manzana con un cuchillo desafilado, su mano, grande y aún pálida, se cerró suavemente sobre la de ella para guiarla. El calor de su piel fue una descarga súbita. Valentina contuvo la respiración. Sus miradas se encontraron, y en la profundidad azul de sus ojos, ella no vio al temible Diego Larraín, sino a un hombre vulnerable que buscaba una conexión. El aire se espesó, cargado de un palpitar silencioso. Fue un instante robado al tiempo, donde el pasado y el futuro se desdibujaron, dejando sólo el presente tangible del con