Capítulo 12: El Pichón y su Guardiana
El despertar dSalvaje fue como una piedra arrojada a las tranquilas aguas del lago, creando ondas que se expandían por la cabaña escondida en el bosque.
Pero en apariencia, poco parecía haber cambiado, excepto por un nuevo tenor de vida que latía ahora en la pequeña clínica.
Su cuerpo seguía débil, pero esos ojos azules que antes estaban vacíos comenzaban a asemejarse al cielo sureño despejándose: aunque aún velados por una neblina, ahora tenían un foco —y