RAINA
—¡Cállate de una maldita vez! —rugió, lanzando una enorme mano hacia mi rostro.
Mi cuerpo reaccionó por instinto.
Le lancé una patada con todas las fuerzas que pude, impulsando mis piernas atadas directamente contra él.
—¡Pedazo de mierda! —maldijo mientras perdía el equilibrio.
La botella escapó de su mano y se estrelló contra el suelo a mi lado, haciéndose añicos.
El siguiente golpe aterrizó de lleno sobre mi rostro.
Fuerte.
Sin contenerse.
El dolor explotó detrás de mis ojos y mi visió