RAINA
El martilleo en mi cabeza hacía que me resultara difícil pensar, como si un tornillo de banco estuviera aplastándome el cráneo.
Intenté levantar una mano para aliviar el dolor, pero...
No pude.
Mis muñecas estaban atadas a los brazos de una silla y mis tobillos amarrados entre sí, inmovilizándome por completo.
El pánico me retorció el pecho cuando los recuerdos regresaron de golpe.
Eliza.
Su sonrisa helada.
La forma en que había mirado a mi hijo.
La horrible amenaza que había lanzado cont