Al escuchar la voz de la niña, miré a Leonardo, que estaba en shock y sorprendido. Rápidamente se levantó de la alfombra donde dibujaba y se acercó; luego se agachó frente a la niña.
–Mi amor, ¿hablaste? ¿Realmente hablaste?– preguntó, sonriendo emocionado. –Habla otra vez para que papá escuche, por favor– pidió, pero la niña solo bajó la mirada, apoyándose más en mis piernas.
Leonardo se levantó y me miró. –¿Tú también lo escuchaste? ¿La escuchaste hablar, verdad?– preguntó, como desesperado p