Entré en la oficina ansiosa y con el corazón acelerado; mis manos sudaban mientras agarraba las asas de mi bolso, y cuando levanté la vista, mi corazón golpeó tan fuerte que dolió al ver a él.
Leonardo.
Después de cinco años, lo tenía frente a mí. Ese momento no parecía real; lo miraba y no podía asociar a aquel hombre con el que me había abandonado en la universidad. Estaba más alto, con un porte físico mayor, hombros anchos y brazos fuertes bajo la camisa blanca que marcaba sus músculos, el c