–Papá, ¿Helena puede volver a casa con nosotros?–
Miré a Leonardo y él me miró de vuelta, luego desvié la mirada hacia Dália.
–Querida, no puedo volver con ustedes, ya dije que ahora estoy viviendo aquí, mi vida está aquí, y tú debes volver con tu papá–
–¡Pero no quiero ir sin ti, Helena!–
–Querida...–
–¡No quieres venir conmigo porque ya no me amas! ¡Porque... porque no soy tu hija!–
Dália salió de mi regazo antes de que pudiera decir algo y corrió hacia la habitación.
Miré a Leonardo, que me