–Si Júlia quiere y lo permite, podemos ir a visitar a su hija juntos–
Miré a Leonardo sorprendida y mi corazón se aceleró. Llevarlo hasta la tumba de nuestra hija era algo que nunca había imaginado, pero, al mismo tiempo, algo que en el fondo siempre había deseado, que él fuera a verla, aunque fuera una vez, que mi hija conociera a su padre.
–Entonces, ¿podemos acompañarte?– volvió a preguntar Leonardo y esbocé una leve sonrisa.
–Claro–
Bajamos del coche y fui hasta el jardín de la pequeña capi