–Entonces, si realmente me amas como dices, si quieres que confíe y crea en ti, dime la verdad. ¿Por qué hiciste todo aquello para arruinarme? Tú... ¿realmente eres cómplice de Carla e hiciste todo aquello por orden de ella?–
–¿Qué? ¡No! ¡No soy cómplice de Carla!– dije sentándome en la cama, y Leonardo hizo lo mismo.
–Pues ella dijo que ustedes son cómplices–
–¡Es invención de ella! Yo no conocía a Carla hasta que me llamó poco antes de que todo ocurriera, y después dijo que quería ver a Dália