— ¿Doctora Eva? — llamó Júlia al reconocer la figura de la mujer.
La médica, que estaba sentada de espaldas, secó rápidamente sus lágrimas e intentó recomponerse. Se levantó enseguida, notando que Júlia ya se acercaba con una mirada de pura sorpresa y alegría.
— Júlia... — llamó Eva, forzando una sonrisa en el rostro, mientras el pavor aún latía en su pecho.
Júlia sonrió y se acercó, envolviéndola en un abrazo cálido, que fue correspondido de forma vacilante.
Leonardo continuó mirando a Eva con