— Señora, hemos llegado… ¿Está segura de que es aquí? — preguntó el taxista, extrañado por el destino. Era una carretera desierta en medio de la nada, entre montañas y colinas.
Júlia miró por la ventana, notando que no había ninguna casa, farola o edificio cerca.
— ¿Está segura de que se quedará aquí sola? Ya está anocheciendo y la señora está acompañada de una niña — insistió el conductor, mirando por el retrovisor.
Júlia bajó la mirada hacia Dalia, que dormía profundamente en su regazo tras e