–¡Júlia!– llamó Mariana en cuanto Júlia entró en la cocina, donde los empleados almorzaban.
–¿Es verdad que la señora Carla perdió la memoria?– preguntó el jardinero sin esperar a que Júlia se sentara.
–Ah, para mí eso es puro cuento– añadió el conductor.
–Pero realmente parece cambiada, fui a servirle y sonrió y me dio las gracias– dijo una de las empleadas.
–¿Qué?– preguntaron todos sorprendidos, teniendo en cuenta el comportamiento hostil, grosero, arrogante y de superioridad de Carla, y que