SEIK
El tiempo se detiene.
Por unos segundos, en ese gran salón, entre murmullos apagados y miradas expectantes, solo existimos Aria y yo. Todo lo demás se desdibuja.
Ella me mira, y en su expresión veo un atisbo de pena… o quizás arrepentimiento.
Con una sola mirada, le hago la pregunta que me quema por dentro: ¿Es cierto?
En los últimos días apenas hemos coincidido. Entre entrenamientos, responsabilidades y la batalla, apenas nos hemos cruzado.
Pero si está embarazada… ¿no debería haber olido