ROBERTO
No sé si estoy en el cielo o en el infierno.
—Vete—le digo con un tono autoritario—. Vete ahora mismo o no respondo…
Ella me observa fijamente, sus ojos clavados en los míos. Después de unos segundos, su mirada baja lentamente hacia mi entrepierna. Una leve mueca de satisfacción cruza su rostro, y, sin decir una palabra, levanta la mirada para encontrarse con la mía nuevamente.
—No voy a irme… de hecho —sus ojos bajan de nuevo hacia mi entrepierna—, tu cuerpo tampoco quiere que me vaya,