SEIK
En el ambiente olía a muerte.
A mi alrededor solo había cuerpos sin vida, moribundos o heridos de gravedad.
No les cabe ninguna duda de que si se cruzan en mi camino, serán despedazados, en el mejor de los casos.
En nuestro avance desesperado, por fin, vislumbramos la mansión del clan Kalo. Los chupasangres llegaron a nuestro encuentro como ratas al queso.
Kevin no tardó en salir a su encuentro y no esperaba menos de él cuando desgarró dos gargantas a la vez que le salpicaron el pecho.
Robe