Julián regresó de la escuela a las tres y cuarto de la tarde.
Valerie lo escuchó entrar pero no bajó inmediatamente. Estaba en el estudio con los trillizos, cambiando pañales con la eficiencia de quien ha perfeccionado la rutina hasta convertirla en arte.
Escuchó sus pasos subir las escaleras. Detenerse frente a la puerta entreabierta.
—¿Puedo pasar?
—Claro.
Julián entró con su maletín y expresión cuidadosamente neutra que Valerie ya sabía leer. Había sido día difícil.
—¿Cómo estuvo? —preguntó