La primera lección comenzó exactamente a las ocho de la noche del martes.
Julián había despejado su escritorio, algo que Valerie sospechaba era evento raro. Había colocado dos sillas lado a lado, un cuaderno nuevo, tres lápices afilados con precisión idéntica, y el libro azul.
—Siéntate —indicó sin preámbulos.
Valerie obedeció, con estómago que se retorcía de nerviosismo que no había sentido desde... nunca, en realidad. Dimitri nunca le había dado oportunidad de estar nerviosa por aprender. Sol