El martes por la mañana, la nieve cayó por primera vez en el año.
No cuajó: llegó en copos finos que desaparecían al tocar el suelo, el tipo de nevada que es más aviso que acontecimiento. Pero el aire tenía esa textura específica de las mañanas con agua congelada en suspensión, esa densidad que hace que los sonidos viajen diferente y que el pueblo parezca más quieto y más pequeño de lo habitual.
Valerie cruzó la plaza a las siete y cincuenta.
El coche negro de Steve estaba en el aparcamiento.
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