—Sí —Dori corrió a su lado y lo abrazó—, sí, quiero tenerte a mi lado por siempre —mi primo enterró su rostro en el vientre de Dori y sus hombros temblaron.
Mi tío Facundo los abrazó y la pandilla se tiró encima de ellos. Miré a Ken llorosa y él sostuvo mi mano.
—¡Vamos al abrazo grupal, te mueres por ir! —Mi odioso me conoce y corrimos hacia nuestra familia.
Nos fundimos en un abrazo que llegó al alma. Mi primo me buscó, me cargó y dio vueltas conmigo. Al bajarme se puso al nivel de la panza