Ellos me guían fuera del hotel, nos hemos retirado bastante y veo una avioneta en el lado del monte. Joder, hay dos instructores de paracaidismo y mi corazón grita por esta perfección. Empecé a brincar como loco y mis amigos me despeinaron.
—Mierda, ¡¿es lo que creo?! —bramé con Fabi encima de mi espalda y me volteé hacia Oscar—. ¿Llegaré a mi boda desde el aire?
—¡Feliz boda, hermano! —gritó Oscar y Fabi se bajó de mi espalda—. No soy de dinero, pero entre la pandilla y con la ayuda del jefe