La cena fue caótica desde el principio.
Marcos había llegado una hora antes que los demás, con una maleta demasiado grande y ojeras de tres semanas y una bolsa de supermercado de la que sobresalía pan de molde con aspecto de haber sobrevivido dos vuelos internacionales y una escala en Frankfurt.
—He estado en doce países —dijo, dejando la maleta en el pasillo con el sonido de quien ya no tiene fuerzas para ser discreto—. Y lo que más extrañaba era el pan de molde.
Isadora lo miró desde la puert