Hubo un martes en que nadie llamó con una emergencia.
Isadora lo notó a las seis de la tarde, cuando cerró el ordenador y se dio cuenta de que llevaba ocho horas trabajando en la fundación sin que ninguna amenaza interrumpiera nada. Sin un mensaje urgente de Elena. Sin una llamada de Marcos con un problema que requería decisión inmediata. Sin un correo que comenzara con necesitamos hablar hoy.
Solo trabajo.
La fundación, los correos de gestión, las tablas de beneficiarios, una reunión con el ar