El Gran Salón del Hotel Marqués brillaba con la intensidad de mil estrellas artificiales.
Candelabros de cristal Baccarat colgaban del techo abovedado, proyectando arcoíris diminutos sobre las paredes revestidas de mármol. Mesas decoradas con orquídeas blancas y rosas rojas formaban un semicírculo alrededor del escenario principal, donde un cuarteto de cuerdas interpretaba piezas clásicas que nadie escuchaba realmente.
Camila Vega había elegido el escenario perfecto para su triunfo.
Trescientos