El contador en la mente de Isadora llegaba a quince cuando las palabras brotaron de su garganta.
—Acepto el intercambio.
—¡NO! —Dante la aferró con fuerza suficiente para dejar marcas en sus brazos—. No vas a entregarte a ese monstruo. No mientras yo respire.
—Escúchame bien. —Sus ojos encontraron los de él con una intensidad que lo silenció, que atravesó todas sus defensas—. ¿Confías en mí?
La pregunta colgó entre ellos como una promesa y una despedida. Como un pacto sellado con algo más profu