La sala de la Corte Penal Internacional en La Haya era más pequeña de lo que Isadora esperaba.
Madera clara. Luz artificial fría. El tipo de espacio diseñado para que nadie olvide que lo que ocurre dentro tiene consecuencias reales.
Isadora la vio a través de la pantalla de su portátil desde el despacho de Elena en Madrid.
Testigo por videoconferencia.
Alvarado la había explicado el protocolo durante veinte minutos la noche anterior.
—Van a intentar desestabilizarte con el lenguaje técnico. No