Buenos Aires. Once de la mañana.
Rebeca los esperaba en el café cuarenta minutos antes de la hora acordada.
Isadora lo supo porque cuando llegaron ella ya estaba ahí, con una taza de café a medias delante y las manos sobre la mesa en esa postura específica de quien se sentó demasiado temprano y ha tenido que decidir qué hacer con las manos durante cuarenta minutos.
El café estaba en el barrio de Palermo. Mesas de madera. Luz de mediodía entrando por los ventanales. El ruido de la ciudad de Buen