Las cartas llegaron en tres tandas.
La primera, el día después del veredicto: dieciséis sobres. La segunda, cuatro días más tarde: treinta y uno. La tercera, al final de la semana: sesenta y dos cartas más, más veinte mensajes impresos enviados por correo electrónico que Elena mandó encuadernar porque le pareció que merecían papel.
Ciento nueve cartas en total.
Isadora las leyó todas.
No en bloque. No de pie sobre el escritorio de la fundación entre llamadas. Las leyó sentada en la mecedora del