La pintura amarilla olía a futuro.
Isadora lo notó desde la puerta. Un olor nuevo, limpio, que no tenía nada de pólvora ni de hospitales ni de cuartos sellados con código de acceso. Solo trementina y esperanza en porciones iguales.
Dante estaba de espaldas, con una brocha larga, cubriendo la última pared.
Llevaba una camiseta vieja que Isadora no reconocía. Tenía una mancha amarilla en el hombro derecho y otra en el antebrazo. Movía el brazo con la misma concentración metódica con que antes rev