Había cosas que Valentina no esperaba extrañar de la guerra.
La claridad, por ejemplo.
Cuando todo era urgente y todo importaba y la línea entre el error y el desastre era tan delgada que no había tiempo para dudar, la mente funcionaba con una precisión que la paz ordinaria no producía.
Un año después, la mente seguía funcionando. Pero de manera diferente.
Más lenta. Más horizontal. Con la calidad de algo que aprende a asentarse en lugar de dispararse hacia adelante.
Valentina notó el cambio en